Maldita grasa

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La noche estaba, por así decirlo, muy tranquila. Ding dong, suena el timbre. Era mi primo. Como todo primo que se merece, siempre dice algo amable mientras sales a recibirlo: “Abre rápido pues huevón que me cago de frío”. Era invierno, no lo culpo. Luego de una conversa le pregunto si se queda para cenar lo cual asiente a mi pregunta, así que salimos a comprar el pan para el lonche. “Aguanta, pan? No seas huevón!” Era obvio. El primo traía mucha hambre. Pienso: Le voy a proponer algo mas contundente. “Y que tal una salchipapita” Me mira y sonríe jubiloso. Él quería grasa. Regresamos con un total de 3 kilos de papa, 3 kilos de salchicha ahumada y algunas salsas. El rebanado quedo en mi poder y el fritado se lo dejé al primo. Una hora después y oliendo a humo, estaban listos dos platos de salchipapa y un plato extra de salchichas por si nos quedaba chica la merienda. Mostaza, ketchup, mayonesa y ají o como decimos cuando vamos a la tía del sanguche de la esquina: “Tía, todas las cremas”. La bajamos acompañado de su café recién pasado (en realidad era Eco), eramos felices. Para mi sorpresa el plato extra había volado! Me di cuenta de esto cuando el primo me preguntó donde estaba el pan y la mantequilla. Pienso: El primo si que tenía hambre! Haciendo sobremesa, rajando de la familia entre otras cosas me dice que ya era tarde y se tiene que retirar: “Acompañame a tomar mi taxi pues huevón” Mientras lo esperábamos, se dio cuenta de que muy cerca había una panadería. “Vamos? Así aprovecho en comprar el pan para mañana”, me dijo. Ah, olvidaba el “pues huevón”. Efectivamente, compró pan para mañana. Pero esos manjares mostrados en las vitrinas lo sedujeron cual canto de sirenas. “… Y también dos budines para llevar y otros dos para ir comiendo”. Caminábamos por la calle con nuestros budines en la mano. Negociar el precio del taxi mientras comes budín es un arte olvidado. Pero el primo lo conocía a la perfección. “Ya, en este me quito. Me pegas una llamada pues huevón”, se fue el primo. Camino a casa con el budín en mano recreo toda la comida que se metió el primo desde su llegada hasta su partida. Me pongo el delantal presto a lavar los servicios, que por cierto eran muchos (por no decir un cerro). Y solo me quedó encogerme de hombros mientras pensaba: Tengo que lavar toda esta maldita grasa!? Puta mare, me cagó este huevón!!

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